Italia: Se intensifica la multitudinaria protesta estudiantil contra el retroceso en la educación

•noviembre 4, 2008 • Comentarios desactivados en Italia: Se intensifica la multitudinaria protesta estudiantil contra el retroceso en la educación

Sólo en Roma, cerca de 100 mil universitarios se manifestaron ayer contra el proyecto de disminuir los gastos sociales para pagar el agujero bancario
Los estudiantes iniciaron con nuevas y ruidosas marchas una semana incandescente de protestas contra las ‘reformas’ oficiales en la educación pública, que culminarán el jueves con una huelga general en las escuelas y universidades.
Centenas de miles de estudiantes y profesores protestaron ayer frente al edificio del Senado italiano y en numerosas ciudades del país contra las reformas educativas del gobierno que prevén despidos y disminución de fondos para el sector. Iniciativas similares tuvieron lugar en Bari, Pescara, Cagliari, Florencia y otras ciudades del país.
Esas manifestaciones se iniciaron hace cinco días, como expresión de denuncia al decreto de la ministra de Educación, María Stella Gelmini, que incluye el despido de 130 mil profesores y administrativos y la reducción de los fondos en más de ocho mil millones de euros.
Hoy la enmienda deberá ser aprobada por el Senado, pese a advertencias de autoridades de la enseñanza superior de renunciar a sus cargos. El rechazo al paquete de medidas del gobierno generó el fin de semana último la mayor concentración de protesta en Italia desde la llegada al poder del conservador Silvio Berlusconi, en abril pasado.
Los estudiantes marchaban con carteles en los cuales se podía leer: ‘Defenderemos a cualquier riesgo nuestros centros de enseñanza. No vamos a pagar por la crisis de los bancos.’
Ayer, por el centro de Roma marcharon también diez mil estudiantes de las escuelas secundarias, cantando frases contra el proyecto de reformas del gobierno que el Senado italiano transformará en ley mañana. La manifestación se dividió en dos grupos, después que el ‘bloque estudiantil’ de extrema derecha, apoyado por la policía, copó la cabeza de la marcha. Vestidos con camisetas negras los grupos de adolescentes neofascistas gritaron al unísono varias veces ‘Duce, Duce, Duce!’, evocando al dictador Benito Mussolini.
Hoy, huelga general en las escuelas
Para hoy miércoles está prevista una huelga de la enseñanza y una manifestación nacional contra la ley dictatorial, organizada por los principales sindicatos de las escuelas públicas italianas.
Estudiantes y profesores universitarios de la Facultad de Medicina de la Sapienza, en la capital, siguieron una clase sobre el tórax al aire libre y frente a la sede del Ministerio de Educación. Los alumnos de todas las facultades de esa universidad volverán hoy a la calle para seguir sus clases frente al Coliseo.
Mientras tanto, prosiguen sin descanso, en prácticamente todas las grandes ciudades italianas, las protestas por el decreto preparado por Gelmini. Este ya fue aprobado por la Cámara de Diputados y será votado definitivamente hoy.
Los estudiantes romanos comenzaron anoche frente al Senado una ‘sentada’ que durará hasta hoy por la tarde-noche, cuando la Cámara Alta convertirá en ley el decreto. En muchas otras ciudades italianas hubo ‘noches blancas’, en las que los estudiantes se juntarán para transcurrir las horas en señal de protesta.
Disminuir los gastos sociales para pagar el agujero bancario
Los estudiantes no tienen intención de detener sus protestas hasta que no se retire el proyecto de ley.
El decreto prevé, entre otros ‘ahorros’, una reducción de 130 000 docentes en los próximos tres años, la introducción del profesor único -excepto en inglés y religión- para los niños de 6 a 11 años y el cierre de muchos colegios que se encuentran en lugares poco poblados. Además, el incremento de estudiantes por clase y la reducción de las horas lectivas (de las 40 semanales a solo 24).
También los alumnos y personal docente protestan ante el previsto recorte de más de 8.000 millones de euros en los presupuestos generales para la Universidad.
Otro de los puntos polémicos de la Ley es el test de ingreso y las clases separadas para los niños inmigrantes. Pero la Secretaría de Estado precisó que se organizarán aulas diferentes solo para que los alumnos extranjeros, hijos de inmigrantes, puedan aprender italiano.
Problemas en las alturas
Mientras, según un sondeo del diario Corriere della Sera, bajó del 62% al 55% en un mes el consenso siempre alto al primer ministro Silvio Berlusconi.
El experto Renato Mannheimer, que realizó la muestra para el diario de Milán, destacó que son más los italianos que apoyan la protesta estudiantil que los que se oponen. Un sondeo publicado ayer por el diario La Repubblica, de Roma, señala que el 49,4% de los entrevistados apoya las protestas de los estudiantes, mientras que el 38,4% no está de acuerdo con las manifestaciones.
De acuerdo al sondeo, la oposición no se beneficia con estas cifras y el partido Democrático de Walter Veltroni, que protagonizó el sábado una multitudinaria manifestación de 350 mil personas en Roma contra el gobierno, sigue ‘clavado’ en un 29% del consenso popular.

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Valencia contra el Plan Bolonia

•noviembre 4, 2008 • Comentarios desactivados en Valencia contra el Plan Bolonia

Voy a dar un dato que seguramente sorprenderá. Por dos motivos: porque casa mal con los supuestos hábitos de la “generación botellón”, inactiva, conformista y resignada, y porque los medios de comunicación no le han ofrecido, saltará a la vista, el espacio que debieran. Vamos a ello: a fecha de hoy, la Universidad de Valencia casi en pleno se halla ocupada por estudiantes. Como suena: vivimos allí, dormimos allí. La facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación dio el pistoletazo de salida, encerrándose el pasado 13 de octubre; las siguientes semanas, la mecha fue prendiendo hasta alcanzar el resto de facultades: Geografía e Historia, Filología, Comuniación y Traducción, el campus de Burjassot (Ciencias) y el campus de Tarongers (Derecho, Sociología, Economía, etc….). Y este lunes, si el tiempo acompaña y las autoridades lo permiten, se unen Medicina y Psicología. ¿Sorprendente, verdad? ¿Cómo es posible que una reivindicación tan inhabitual – yo diría histórica: no tengo noticia de encierros tan generalizados y masivos en las últimas décadas – haya pasado tan desapercibida? Pues la respuesta se evidencia si preguntamos a los estudiantes por los motivos que les han llevado a coger sus colchones y a plantarse en sus facultades: el polémico y desconocido Proceso de Bolonia en materia de educación superior. Y es que – no voy a insistir en ello: mucho se ha escrito en esta web y muy poco en otros medios – han tomado conciencia de lo que está en juego: la enseñanza pública tal y como Europa la ha concebido los últimos siglos. Y decir alto y claro tal verdad incomoda a quienes, desde todos los frentes imaginables, hacen campaña por el capitalismo más salvaje y depredador.

Escribo estas líneas principalmente para promocionar este movimiento y dar cuenta de las acciones emprendidas. Porque no es el nuestro un absurdo encierro sin estrategia ni objetivos, encorsetado bajo un utópico e idealista “no a Bolonia”. Aunque el No a Bolonia sea el objetivo último, conseguirlo pasa por una serie de episodios más factibles y posibilistas; la paralización del proceso – que por cierto, entraría en la legalidad: hasta el 2010 no hay obligación de abordarlo, de forma que en teoría podría quedar un año de debate y redefinición – viene dirigida por una hoja de ruta que los estudiantes tienen bien aprendida.

En primer lugar, nos dirigimos a nuestro superior inmediato. Aun a sabiendas de que lo que atañe a educación depende, en última instancia, del Ministerio, somos conscientes del poder e influencia de los rectores. Así pues, a ellos nos dirigimos. Al nuestro le pedimos concretamente tres cosas: 1) Un debate público con estudiantes, profesores y medios de comuniación 2) Que en ese debate se posicione respecto del Plan de Bolonia 3) La organización y financiación de un referéndum vinculante dirigido a la comunidad universitaria (profesores, alumnos y P.A.S.), cuyo resultado debe defender el rector como posición institucional. Nada más y nada menos: queremos acabar con la desinformación masiva que ha caracterizado a la reforma: de ahí el debate público. Queremos que, por primera vez, se cuente con todos nosotros para implantar el nuevo Plan: de ahí el referéndum, con cuyos datos podremos dirigirnos a quien corresponda.

Y de momento vamos bien: gracias a un encierro de una noche que realizamos el pasado miércoles 29 unos 300 alumnos de todas las asambleas constituídas, el rector no tuvo más remedio que ceder y ofrecérnoslo. Será el próximo miércoles día 5 a las 12 de la mañana en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación. Por primera vez, Francisco Tomás, rector de la UV, no podrá evitar pronunciarse.

Y no sólo eso: las manifestaciones y protestas proliferan todas las semanas. Sentadas, manifestaciones espontáneas (la última acabó con 500 alumnos dentro del rectorado), movilizaciones programadas (5 de noviembre, 13 de noviembre, 20 de noviembre…)… Valencia está al rojo vivo y los estudiantes, por primera vez en mucho tiempo, se han unido – sin siglas ni banderas – para decir no. Animo desde aquí, pues, a todos los lectores a informarse de nuestras reivindicaciones y acciones: en la web de la asamblea de filosofía – www.aefv.org – encontrarán abundante información, así como nuestro manifiesto y principales objetivos. Con Bolonia nos jugamos mucho: somos conscientes de que nuestra fuerza dependerá del número que nos siga, así que no nos míres…. ¡y traete un colchón!

Ya tenemos fanzine

•octubre 15, 2008 • Comentarios desactivados en Ya tenemos fanzine

El nuevo fanzine ya esta en la calle.

En el apartado “fanzine” iremos añadiendo cada nuevo número.

Aquí el primero:

fanzine-web

¡ANÍMATE Y ÚNETE A TU GRUPO DE TRABAJO!

•octubre 15, 2008 • Comentarios desactivados en ¡ANÍMATE Y ÚNETE A TU GRUPO DE TRABAJO!

De nuevo a la batalla!

•octubre 1, 2008 • Comentarios desactivados en De nuevo a la batalla!

Una crítica (no constructiva) de la guía del estudiante 08/09

•septiembre 26, 2008 • Comentarios desactivados en Una crítica (no constructiva) de la guía del estudiante 08/09

Hace unos meses, unos delegados del Grupo No a Bolonia tuvimos el dudoso placer de reunirnos con la Vicerrectora de Estudiantes de la Universidad de Sevilla, Rosario Rodríguez Díaz.

Hasta esta misma mañana, no tuve verdadera constancia de los motivos de la vicerrectora. Sin embargo, ahora estoy firmemente convencido de que la vicerrectora se reunió con nosotros única y exclusivamente para saber cómo enfocar la nueva Guía del Estudiante 08/09.

Recogí esta mañana esta guía, de la que se harán miles y miles de copias, y me quedé impresionado de hasta qué punto puede llegar el cinismo de nuestras autoridades universitarias.

Hay un apartado entero dedicado específicamente a ensalzar Espacio Europeo de Educación Superior. En él se intenta rebatir, con falacias de la peor especie, todos los argumentos que aquel día le dimos a la vicerrectora, uno por uno. Lo cual no es de extrañar cuando leemos, en la misma primera página, “Edita: Vicerrectorado de Estudiantes”.

Pero lo peor es que, en esa misma primera página, leemos también: “El contenido de esta Guía es meramente informativo. En lo referente a textos legales o reglamentarios sólo se consideran fidedignos los publicados en Boletines Oficiales”.

Y tanto. Si hay algo más doloroso para un estudiante que el que privaticen la universidad, es que lo tomen por tonto. Parece que Rosario Rodríguez y los suyos nos creen incapaces de acudir al BOE o a la página de la Comisión Europea para leer las leyes y documentos que han ido (y seguirán) configurando el Proceso de Bolonia.

Dado, además, que esta Guía reproduce el discurso oficial sobre los Planes, se hace doblemente interesante someterla a una crítica despiadada. A ello.

El texto empieza por afirmar, sin el menor complejo, que los cambios “aportarán bastantes ventajas”. Pero esto ¿quién lo dice? ¿Ventajas para quién? ¿Para los alumnos, para el Banco Santander, para la vicerrectora que redacta el documento? Veámoslo.

Seguidamente se afirma que uno de los principios del E.E.E.S. es “la garantía de calidad”. Pero ¿cómo casa esto con el tan cacareado “costo 0”? ¿Cómo van a mejorar la calidad de la universidad si se niegan a invertir más en ella? Pueden sustituir la financiación pública por financiación empresarial, pero, la verdad, no conozco ninguna empresa que, en vez de enriquecerse, tenga como objetivo “garantizar la calidad de la universidad pública”.

Pero sigamos leyendo. “El objetivo básico es facilitar la movilidad de estudiantes, profesorado y titulados”. Claro, y ¿era preciso para esto una LOU que creaba organismos como la ANECA y los Consejos Sociales?

Estos organismos, que tienen trascendentales funciones en temas presupuestarios, directivos y de gestión universitaria, cuentan con participación empresarial (apabullante en el caso de los Consejos Sociales. En el de la universidad de Sevilla, por ejemplo, predominan los empresarios, como puede verse en su propia página web: http://www.institucional.us.es/consejosocial/index2.php ).

Dicen que el objetivo básico era facilitar la movilidad de estudiantes y profesores, pero ¿era preciso para esto que las Comisiones Europeas acordaran el aumento de la financiación privada de la universidad y su coordinación con el mundo empresarial? En documentos de la Comisión como COM (2002) 779 o COM (2006) 481 se habla de un enfoque de “asociación de la universidad con las empresas y los particulares”, o de “concentrar la financiación en los ámbitos que puedan producir mejores resultados”.

Visto esto, la única conclusión razonable es que la movilidad puede ser algo atractivo, pero no es más que la zanahoria que cuelgan del palo para tenernos engañados.

Prosigamos la lectura. Se dice que el E.E.E.S. pretende crear “un contexto atractivo para que vengan a estudiar a Europa estudiantes de terceros países, con las ventajas que ello aporta a la cooperación y solidaridad internacional”. ¿Cómo se le puede llamar solidaridad a fomentar la fuga de cerebros? ¿La verdadera solidaridad no sería permitir que esos países se desarrollen? Para lo cual, evidentemente, necesitarían a sus mejores estudiantes, ¿no? Pero esta guía denomina solidaridad al egoísmo más parásito que existe en el mundo.

Luego se habla del famoso crédito europeo (“entre 25 y 30 horas de dedicación al estudio”). Pero por lo visto ahí computa también el “trabajo personal de tipo no presencial”. ¿Quiere esto decir que pagaré créditos de tiempo por estar estudiando en mi queli?

Luego afirma que el crédito europeo “no incrementa el tiempo de dedicación del estudiante, lo mantiene o lo rebaja”. Se nota que la señora Rosario Rodríguez es Doctora en Sociología, porque lo que son las matemáticas no parece que se le den demasiado bien. Si multiplicas los 60 créditos que, según esta misma guía, tiene un curso de Grado por las entre 25 y 30 horas que suponen cada crédito (pongamos 27 para hacer un término medio), obtenemos la cifra de 1.620 horas cada curso. Si dividimos esta cifra entre los 9 meses de duración de un curso, nos da 180 horas mensuales, es decir 45 a la semana.

¿Alguien que haya estudiado una licenciatura o una diplomatura podrá decir que le dedicaba 45 horas a la semana (es más que una jornada laboral) a sus estudios? Insisto: lo triste es que nos tomen por tontos (y por tontos sin calculadora).

A continuación, se afirma que el Grado “tiene plenas competencias profesionales”. Esto es sencillamente falso. Si la vicerrectora se hubiera molestado en leer el “Libro Blanco” de, por ejemplo, Derecho, sabría (como de hecho sabe) que se recomienda que un graduado en derecho no pueda ejercer como abogado (cosa que los licenciados sí que hacían). Lo mismo ocurre con Informática o Traducción, y lo mismo ocurría con Arquitectura (hasta que el Colegio de Arquitectos llegó a un corporativista y vergonzoso acuerdo con el gobierno).

Se supone aquí que la evaluación de la calidad del profesorado está garantizada porque “la evaluación de calidad se repite cada seis años”. Pero lo que no se dice aquí es que esa evaluación la realiza la ANECA, por lo que cabe preguntarse si tendrá en cuenta las “demandas sociales” o las empresariales. De hecho, algunos de los méritos que tiene en cuenta la ANECA son tan cuestionables como “experiencia en gestión y administración”, “actividades profesionales en empresas” o “patentes y productos con registros de propiedad intelectual”.

Como algo muy positivo se dice que se “facilita enormemente la homologación de títulos universitarios para trabajar en otro país”. Esto, sinceramente, ni siquiera consigo entenderlo. Emigrar para trabajar nunca se ha considerado un chollo; muy al contrario, la tasa de subdesarrollo de una sociedad puede medirse por su tasa de emigración.

Como algo más positivo todavía se dice: “los nuevos títulos de Grado y Máster incorporan, casi en su totalidad, prácticas externas que se realizan en contextos de trabajo reales”. ¿Se supone que hay que alegrarse por estas prácticas en empresas, sin remunerar y que cubren puestos de trabajo año tras año? Esos mismos puestos serán los que mañana no podremos conseguir, ¿quién nos contratará si puede tener a nuevos estudiantes en prácticas por 0 euros, o con suerte por una miseria? Sin embargo, el paro interesa como amenaza para hacernos aceptar peores condiciones; de hecho es un fenómeno totalmente evitable, como demuestra, se piense lo que se piense de ellos, la experiencia de los países socialistas.

Luego se habla de las “habilidades y aptitudes que cada vez son más valoradas tanto por la sociedad, como por las empresas”. ¿Es que existe una comunidad de intereses entre ambas? Esto es una ofensa a la propia racionalidad. Si una empresa constructora sube el precio de la vivienda, esto le interesa a ella pero no a la sociedad. Por el contrario, si se ve obligada a bajarlo, esto le interesa a la sociedad pero no a ella. Tal comunidad de intereses no existe; lo que existen son intereses objetivamente contrapuestos.

No hablemos ya de todo el tema de actividades “ágiles y dinámicas”, “problemas laborales”, “capacidad de buscar información” (¿nos enseñarán a usar el Google?), “práctica profesional”, etc. Está claro que si algo de humanismo pudiera quedar en la universidad, este proceso está decidido a extirparlo. El empleo recurrente de terminología del mundo empresarial, la verdad, asusta.

Luego nos hablan de un maravilloso “suplemento al título” que nos darán, un papel que resumirá tu “trayectoria formativa”. La verdadera naturaleza de este supuesto chollo queda patente más adelante: “la información que aporta el suplemento al título coincide en gran medida con la que se pide en el europass, el formato de currículo vitae internacional”. Vale, ya está todo claro. Demencial.

Pero hay más mentiras. Aquí leemos: “El E.E.E.S. también facilita realizar estudios universitarios a tiempo parcial”. ¿Por qué? Porque “desaparecerá la obligatoriedad de matricular todos los créditos del primer curso”. Este es el sofisma más vergonzoso que leo desde la aporía de Aquiles y la tortuga. Actualmente, alguien puede matricularse de 1º pero le basta con aprobar una sola asignatura para que no le echen. Además, los precios públicos garantizaban la posibilidad de matricularse del curso entero. Eso es justamente lo que va a cambiar ahora.

Pero, no contentos con esto, afirman que las metodologías de Bolonia permitirán a los alumnos “compatibilizar sus estudios con otra actividad”, “minimizando el número de horas presenciales”. Es vergonzoso leer esto. ¿45 horas semanales, a base de trabajos y tutorías, dan tiempo para que la gente compatibilice estudios y trabajo? ¿Por qué no se menciona la asistencia obligatoria? El Real Decreto de 2003 sobre el crédito europeo, en su Artículo 4, dice literalmente que “el venir a clase no será obligatorio o recomendable, será imprescindible para poder aprobar”.

¿Deberíamos dejar de creer las leyes que emite el gobierno español para creer la Guía del estudiante 08/09 (incluye agenda)?

Por último, en un alarde de cinismo sin precedentes, se dice que todo esto “debe hacerse a precios públicos”, “defendiendo los precios públicos y los sistemas de becas”.

¿Por qué no cuenta esta guía que este verano, con toda la gente distraída o en la playa, el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía anunció que las matrículas subirán un 4’2% este curso, o que la Conferencia General de Política Universitaria marcó una subida en todo el Estado español de hasta un 8’2 ( http://www.upo.es/diario/2008/0710_2.htm )? ¿Son 800 euros precios públicos? En Francia la universidad cuesta menos de 1 euro, y en Cuba es gratuita.

¿Por qué no cuenta esta guía que, en la Universidad de Sevilla, el curso 2001-2002 se concedieron 14.638 becas, y el curso pasado cayeron a 10.859, un 25% menos? ¿Por qué no cuenta que la mayoría de los Máster no van a estar becados, que sólo el 10% del dinero destinado a becas irá a los posgrados? ¿Por qué no habla de las becas-préstamo que trae consigo Bolonia, que no son más que préstamos que ofertan los bancos como el Santander? ¿Por qué no cuenta que en Inglaterra las becas-préstamo arrinconaron a las becas a fondo perdido, haciéndolas incluso desaparecer totalmente durante algunos años?

Pues porque su misión es hacernos pasar por atractiva esta contrarreforma educativa, para evitar que salgamos a la calle a gritarles que, como Judas, han vendido la universidad por 30 monedas de plata.

Bolonia: una privatización sensu estricto de la Universidad

•septiembre 26, 2008 • Comentarios desactivados en Bolonia: una privatización sensu estricto de la Universidad

Por Patricia García y Manuel M. Navarrete para laRepública.es

Mucho se ha discutido sobre si procede o no hablar de privatización para referirse al proceso de cambio que está viviendo la educación superior europea. Por un lado están quienes afirman que el Proceso de Bolonia es un proceso separado de la privatización de servicios públicos a la que asistimos en los últimos años; y por otro, quienes denunciamos la relación entre ambas realidades.

En este artículo trataremos de definir qué entendemos por privatizar, cómo afecta esto a la universidad y en qué medida está ligado al famoso Proceso de Bolonia.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que lo que se ha denominado “Proceso de Bolonia” va más allá de las declaraciones de los Consejos de Ministros de la Unión. El Espacio Europeo de Educación Superior ha sido estructurado no sólo por las renombradas declaraciones bianuales (Sorbona, Bolonia, Bergen, Praga…), sino también por otros acuerdos tomados por los Consejos y desarrollados en comunicaciones de la Comisión (órgano ejecutivo de la UE). [1]

El Proceso de Bolonia no puede ser considerado al margen de la privatización de los servicios públicos y de la reforma del modelo social europeo. Las sucesivas declaraciones de los Consejos de Ministros de la UE han sido paralelas a acuerdos sobre la necesidad de aumentar la financiación privada de la universidad y su coordinación con el mundo empresarial. Las directrices básicas en materia de financiación están recogidas en documentos como “Invertir eficazmente en educación y formación: un imperativo para Europa” (COM (2002) 779) o «Eficiencia y equidad en los sistemas europeos de educación y formación»(COM (2006) 481).

Estos documentos establecen que la viabilidad de las reformas de la educación superior pasa por la financiación privada. El modelo de financiación toma como referencia el sistema estadounidense que, aun presentando un gasto similar, incluye niveles mucho más altos de inversión privada. Así pues, para afrontar la reforma universitaria europea es necesario un <enfoque de asociación con las empresas y los particulares>; además, hay que <concentrar la financiación en los ámbitos que pueden producir mejores resultados>. Pero para garantizar el acceso a los estudiantes menos pudientes se precisa < la creación de becas de estudios, préstamos bancarios y préstamos reembolsables en función de los ingresos futuros>. La educación pasa de ser un derecho a ser una inversión individual. En el Estado español esto se ha concretado en la creación de las eufemísticamente llamadas “becas-préstamo”.

Sin embargo, tanto en los defensores como en los detractores de Bolonia encontramos cierta reticencia al empleo del término privatización . Algunos de los “detractores”, por ejemplo, han insistido en hablar de “mercantilización”. Es posible que esta precaución provenga de cierta moda intelectual, pero “mercantilización” es una palabra ambigua y poco contundente.

Hay quien piensa que privatizar un servicio público implica que el Estado se desprenda totalmente de su responsabilidad, pasando el servicio a ser asumido directamente por una empresa. Esto sería un modelo de privatización puro o total. Sin embargo, en sentido estricto, la privatización designa una amplia gama de instrumentos de gestión y organización del servicio “público”. La privatización puede definirse como “la reducción del rol del Estado y la transferencia de algunas de sus funciones a instituciones privadas”. [2]

En este sentido, podemos señalar tres modos de privatización ampliamente extendidos en la administración pública (si es que aún se le puede llamar así) y, de forma especial, en la educación universitaria española y europea:

1.La introducción de competitividad en los servicios públicos a través de la subcontratación de estos servicios a empresas privadas (copisterías universitarias, servicios de limpieza, servicios de seguridad) o bien mediante técnicas de gestión privada (ranking de universidades, financiación competitiva otorgando más recursos, por ejemplo, a aquellas universidades cuyos graduados monten empresas propias).

2.La prestación privada del servicio y los convenios de colaboración con empresas, pero manteniendo el control por parte de la autoridad pública. Ejemplo de ello son las Cátedras-empresa (con las que las empresas se ahorran el dinero de formación de sus futuros empleados), o las Becas-préstamo (préstamos que los bancos Santander, Caja Duero o Popular Español conceden a los estudiantes).

3.Colocar a la Administración como un actor más en el mercado. Aquí podríamos incluir la proliferación de universidades y títulos privados, aunque este ámbito está poco desarrollado ya que el sector educativo se encuentra aún dominado por entidades estatales.

Por tanto, no estamos ante un servicio que era público y que va a ser privatizado. Estamos ante un servicio que ya estaba siendo privatizado, tendencia que es legitimada y acelerada por el Proceso de Bolonia. En este sentido, son casos flagrantes los Consejos Sociales y la ANECA, ambos introducidos por la LOU.

La ANECA es una fundación estatal cuya creación se recogía en el artículo 32 de la LOU; también en las sucesivas declaraciones de “Bolonia” (Sorbona, Bolonia, Praga, Berlín, Bergen y Londres). Según el Real Decreto 13/93, esta fundación estatal tiene importantes funciones relativas a la aprobación de los Planes de Estudio; si un plan no supera su veredicto, pierde su validez. Pues bien, según leemos en la propia página web de la ANECA, su Consejo Asesor está formado por personalidades del mundo “académico, profesional y empresarial”.

Otra de las funciones de la ANECA es la selección del profesorado. En sus “Principios y orientaciones para la aplicación de los criterios de evaluación” leemos que algunos de los criterios son: “Méritos relacionados con la experiencia en gestión y administración”, “Calidad y dedicación a actividades profesionales en empresas, instituciones u organismos” o “Patentes y productos con registro de propiedad intelectual”.

Los Consejos Sociales, por su parte, son definidos por el artículo 14 de la LOU como “el órgano de participación de la sociedad en la universidad”. Tienen importantísimas funciones, como aprobar los presupuestos de cada universidad. Sin embargo, un Consejo Social sólo incluye 6 miembros de la comunidad universitaria (Rector, Secretario General, Gerente, un profesor, un alumno y un miembro del PAS). El resto son “personalidades de la vida cultura, profesional, económica, laboral y social” designados por la Comunidad Autónoma. En la práctica, la mayoría de ellos han sido políticos y empresarios. Por ejemplo, el Consejo Social de la Universidad Complutense de Madrid cuenta con miembros que son empresarios de El Corte Inglés, Fundación Caja Madrid, Telefónica o MAPFRE, entre otras empresas; y el de la Universidad de Sevilla, además de contar con el Secretario General de la Confederación de Empresarios de Sevilla, tiene representantes de Caja Sur, Inmobiliaria del Sur, Inés Rosales S.A., Fundaciones Caetano S.A, etc.

La creciente presencia del empresariado en la universidad quedó constatada hace unos meses, cuando el gobierno transfirió las competencias universitarias del Ministerio de Educación al recién creado Ministerio de Ciencia e Innovación (RD 432/2008); este ministerio está liderado por Cristina Garmendia, importante empresaria que proviene de la Junta Directiva de la CEOE.

Aparte de la creciente presencia de actores privados en órganos de dirección, hay que fomentar, como dicen la Comisión y el Consejo europeos, la financiación y gestión privada. Así, por ejemplo, en los nuevos Master se está aplicando la doctrina del equilibrio entre costes y precios del servicio, lo cual explica sus precios prohibitivos. Tampoco deja de ser significativa la proliferación de personal laboral precario (y de personal becario) en la docencia y en los servicios universitarios. La seguridad laboral y las condiciones de trabajo pasan a un segundo plano. Por otro lado, la asociación entre el mundo empresarial y el universitario queda bien plasmada en las Cátedras- empresa.

Por suerte aún no hemos asistido a un proceso de privatización total de la universidad, como ocurriera con Telefónica o Iberia. El mercado no acudirá donde no pueda obtener grandes beneficios. Lo preocupante es que esté absorbiendo todo aquello de la universidad que es rentable desde el punto de vista económico (dejando en manos del Estado lo que no lo es).

Lo que se viene produciendo supone, en suma, un desmantelamiento gradual y por partes de la universidad pública. Estamos ante un proceso que se inició, y no por casualidad, después de la Declaración de Bolonia de los ministros europeos de educación en 1999. En el Estado español, vino a reflejarse en la LOU, estableciéndose una estructura que, desde entonces, los sucesivos reales decretos se han encargado de rellenar.

Pedir que la educación pública no retroceda no es ninguna reivindicación revolucionaria, sino una simple defensa de lo que fuera el Estado de bienestar, resultado de duras luchas sociales. No idealizamos la “universidad pública” tal y como se ha entendido hasta ahora, mucho menos la consideramos ajena al mercado. Sí entendemos, en cambio, que hay que poner freno al avance de una privatización que restringe el acceso a la educación superior, recorta derechos laborales, suprime áreas de conocimiento no directamente rentables para las empresas, imposibilita compaginar la vida laboral y el estudio, promueve la eficiencia económica por encima de las necesidades y aspiraciones colectivas; una privatización que, en definitiva, considera el derecho a la educación una inversión individual y un negocio más del que extraer beneficios.

Patricia García y Manuel M. Navarrete son representantes estudiantiles en la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad de Sevilla respectivamente

Notas :

[1] Por citar sólo algunos ejemplos significativos de entre los muchos documentos de la Comisión Europea:

* Conclusiones de la Presidencia del Consejo europeo de Lisboa 2000.

* «Educación y Formación 2010» de la Dirección General de Educación.

* Comunicación de la Comisión de 20 de abril de 2005 – Movilizar el capital intelectual de Europa: crear las condiciones necesarias para que las universidades puedan contribuir plenamente a la estrategia de Lisboa [COM (2005) 152 final – no publicada en el Diario Oficial].

* .

* Europa [COM (2002) 779 final].

* «Aplicar el programa comunitario de Lisboa: Fomentar la mentalidad empresarial mediante la educación y la formación» [COM (2006) 33 final – no publicada en el Diario Oficial]. Febrero de 2006.

[2] Citado en Gomá y Brugué, Algunas Matizaciones en relación a la privatización de los servicios públicos. Cuadernos de Relaciones Laborales, nº 8, UCM, 1996 (págs. 15, 16)